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Terra
La Coctelera

Categoría: Prudentes

Lola Cardenas. Multiplícate por diez

El Fuckowski la recomienda vivamente: Una de las páginas de Lola Cárdenas, ilustre matemática e incansable defensora del pensamiento crítico. Sus posts suelen ser auténticas tesis cargadas de un aplastante sentido común. Muy interesante.

Y la verdad es que este post sobre la condescendencia de los falsos tolerantes, de los del buen rollito y los del "dialoguemos pero que sepas que nada de lo que me digas me va a hacer cambier de opinión" es de lo más correcto que he leído últimamente.

El nombre del blog se las trae

Uno por uno, uno; uno por uno, dos; uno por uno...

Imprudentes. No en mi nombre

Asocición de Víctimas del Terrorismo
(incluso hermanos)

Adrian es la discreción en persona

Colgar la propia intimidad de la percha de la ventana se está volviendo muy común: un experimento sociológico televisivo -ya descalificado por antropólogos y sociólogos por la ausencia de valor científico-; cientos de parejas de todo el mundo que, previo pago, abren la puerta de su dormitorio a través de Internet; o el proyecto artístico conocido como «La Casa Transparente», que durante dos semanas protagonizó una actriz el pasado mes enero en pleno centro de la capital chilena, y que provocó gran revuelo por los desnudos de la joven a la vista de los transeúntes, son algunos ejemplos de lo que podría llamarse el fin de la privacidad, como se titula un libro recién publicado por R. Whitaker.Colgar la propia intimidad de la percha de la ventana se está volviendo muy común: un experimento sociológico televisivo -ya descalificado por antropólogos y sociólogos por la ausencia de valor científico-; cientos de parejas de todo el mundo que, previo pago, abren la puerta de su dormitorio a través de Internet; o el proyecto artístico conocido como «La Casa Transparente», que durante dos semanas protagonizó una actriz el pasado mes enero en pleno centro de la capital chilena, y que provocó gran revuelo por los desnudos de la joven a la vista de los transeúntes, son algunos ejemplos de lo que podría llamarse el fin de la privacidad, como se titula un libro recién publicado por R. Whitaker.

Los índices de audiencia indican que el minuto de televisión más visto del año en España, con casi doce millones de televidentes, se registró en una de las emisiones del programa -o mejor del fenómeno de masas- el «Gran Hermano». Al margen del análisis ético de los fines de la programadora o de los concursantes, está la evidente contradicción entre el deseo de la gente de conocer lo más oculto de la intimidad de los demás, por una parte, y, por otra, el afán de defender su propia intimidad e impedir que alguien intente colarse por las rendijas de su propia vida. Esta contradicción refleja, al menos, una cierta asimetría moral por la que nos sentimos autorizados a curiosear sin límites en la intimidad del otro.

Mas en ¿el final de la intimidad?

Sonia o la Prudencia

“Discreto” a veces es sinónimo de “mediocre, de poco valor”, y por eso a veces no se aprecia, no se ve. Una cosa discreta pasa desapercibida, sin que se note. Pero no podemos engañarnos: no todo lo que se ve mucho es bueno; es más, una cosa buenísima se puede estropear por tener exceso de escaparate.

No vivimos precisamente tiempos en donde falte escaparate. Muchas veces se nos quiere vender lo que no vale nada a fuerza de imagen. Por eso, la búsqueda de lo valioso no se puede guiar por la imagen. La discreción y la sencillez, el pasar desapercibido, son a menudo prueba de valor.

Lo mismo ocurre con la persona discreta. Dicen que “En boca del discreto, lo público es secreto”. Y es verdad: el discreto entiende que no todo se puede preguntar, no todo se debe saber, no todo se puede decir. Mantiene el respeto por la intimidad de las cosas. La persona discreta no está “en Babia”, y se chupa el dedo. Intuye lo que hay detrás de los gestos y de las cosas que no se dicen. Pero sabe callar una pregunta incómoda, o un comentario que no es conveniente. Sabe que no se puede hablar mal de una persona a sus espaldas.

Hoy muchas cadenas de TV basan una parte importante de su programación en airear la vida privada de propios y ajenos. En el fondo, se pisotea el derecho a la intimidad y al honor. En estos casos, cambiar de canal, o apagar el televisor, es casi una exigencia de “higiene mental”.

Hay una obligación grave de guardar los secretos. El Catecismo de la Iglesia católica dice: “Los secretos profesionales –que obligan, por ejemplo, a políticos, militares, médicos, juristas—o las confidencias hechas bajo secreto, deben ser guardados, salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la verdad. Las informaciones privadas perjudiciales al prójimo, aunque no hayan sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón grave y proporcionada” (n. 2491)

La discreción no tiene que ver nada con el “secreteo” o el “misterio”. Existe también una obligación de dar una información que nos piden cuando existe un derecho a saber la verdad de las cosas. Esto es naturalidad.

Mas en Discreción

Frigg o la Prudencia de Pili

Frigg es una diosa germana de la fertilidad que no dirá la buenaventura,a pesar de que conoce los destinos. Posee un vestido de halcón, alusión a una antigua capacidad de metamorfosis. Para proteger a Balder, hizo jurar a las plantas, los minerales y los animales que le respetarían. Pero se olvidó de exigir el juramento a un brote de muérdago. Frigg disfrutó del privilegio de sentarse junto a su esposo Odín en su fabuloso trono, Hlidskjalf, desde donde la divina pareja podía observar los nueve mundos, presenciando los acontecimientos presentes y futuros. Ella fue un ejemplo de discrección; jamás reveló su clarividencia.

Prudencia. tan olvidada

La prudencia, tan olvidada en estos días, era virtud que se representaba mediante la figura de alguien que alternativamente tapaba sus oidos, ojos y boca, para representar que es prudente aquel que ve, oye y calla.